7 de abril de 2015

Convulsiones febriles en la infancia

Las convulsiones febriles son una causa relativamente frecuente de consulta en el Servicio de Urgencias, y motivo de gran angustia para muchos papás.

¿Qué son?
Una convulsión febril es una respuesta del cerebro ante la fiebre que se presenta habitualmente entre los 3 meses y los 5 años, pero sin que exista una infección o una causa intracraneal.

Se estima que al menos entre un 2 al 5% de los niños menores de 5 años sufren al menos una convulsión febril. Ocurre en cualquier época del año, aunque quizás son algo más frecuentes en el invierno, coincidiendo con los infecciones víricas de vías altas, y en verano, en relación con las gastroenteritis.


¿Cual es la causa?
La predisposición genética es la causa más determinante de las convulsiones febriles. De esta forma, niños con un hermano o con un padre con convulsión febril tienen un riesgo más alto de padecerlas que la población general.

La elevación de la temperatura necesaria para desencadenar una crisis varía de un niño a otro. Puede que para uno sea necesario alcanzar los 40.5ºC, mientras que para otro es suficiente alcanzar los 38.5ºC, aunque la mayoría ocurrirán con una temperatura entre 38 y 39º, siendo el resto con temperaturas superiores.
La convulsión febril se presenta habitualmente coincidiendo con la elevación brusca de la fiebre en el primer día de la enfermedad, aunque también pueden ocurrir en el segundo o tercer día de fiebre, o incluso precediendo en unos minutos a su aparición.
La convulsión febril por tanto, no se asocia con fiebres muy elevadas como muchas veces se cree, si no a un rápido ascenso de esta.

La causa de la fiebre es muy diversa. La mayoría de las infecciones serán faringoamigdalitis, catarros, otitis, neumonías, infecciones de orina, gastroenteritis, etc.

¿Cómo se manifiestan?
Las convulsiones febriles se manifiestan con pérdida de conciencia, momento en el cuerpo puede ponerse rígido y comenzar con movimientos bruscos de brazos y pies en forma de sacudidas,o quedarse flácido, a veces con mirada perdida hacia arriba y con dificultad para abrir la boca. Pueden ir acompañadas de movimiento de chupeteo de los labios, labios azulados, o micción y defecación involuntaria. En general duran menos de 15 minutos, generalmente entre 2 y 5 minutos. Posteriormente a la convulsión el niño puede quedarse dormido, o con tendencia a la somnolencia.

¿Pueden repetirse?
Casi una tercera parte de los niños que padecen convulsiones febriles presentan algún otro episodio, y al menos un 15%, más de una.
Hay algunos factores que parecen aumentar el riesgo de los niños a padecer convulsiones febriles recurrentes, como son la historia familiar de convulsiones febriles o afebriles, la aparición de la primera convulsión en edades tempranas, aparición de convulsiones febriles con temperaturas no excesivamente elevadas y convulsiones febriles prolongadas.


¿Son las convulsiones febriles dañinas?
Las familias que observan por primera vez una convulsión febril tienen sensación de muerte inminente del niño, pero por suerte no corresponde con la realidad, ya que las convulsiones febriles típicas son inofensivas.
Las convulsiones febriles no causan daño cerebral, no dejando por tanto secuelas sobre la inteligencia ni sobre el desarrollo psicomotor.
Los niños con convulsiones febriles deben llevar una vida absolutamente normal.

¿Si un niño tiene una convulsión febril, quiere decir que tendrá epilepsia?
Para nada. La posibilidad de que un niño esté afecto de epilepsia es algo más alta en niños que tienen convulsiones febriles,pero en cualquier caso el riesgo de padecerla se sitúa entre el 2-4% de estos niños. La posibilidad por tanto de no estar afecto de epilepsia, es de un 95% aproximadamente.
Existen unos factores de riesgo que incrementan las posibilidades de estar afecto de epilepsia,entre las que se encuentran las convulsiones febriles atípicas o complejas, la anormalidad neurológica previa y la historia familiar de epilepsia.

¿Qué hacer cuando ante una convulsión?
- Lo más importante es mantener la calma, aunque sea difícil. La mayoría de las convulsiones ceden solas en unos minutos.
- Colocar al niño tumbado de lado, sobre un costado y lejos de objetos con los que pueda golpearse.
- No intentar introducir nada en la boca.
- Desnudar al niño. Quitar el exceso de abrigo. Si no le ha dado ningún medicamento para la fiebre en las últimas 2 horas, puede administrar un supositorio de paracetamol.
- Es necesario que el niño sea valorado por un pediatra que confirme el diagnóstico, por lo que deberá acudir a su Centro de salud u hospital más cercano.

Conclusiones importantes
- Las convulsiones febriles tienen buen pronóstico. Después de la convulsión el niño tendrá el mismo estado de salud que antes. Tener una convulsión febril no es sinónimo de epilepsia,
- Cualquier infección banal (catarro, gastroenteritis, otitis...) que curse con fiebre puede dar lugar a una convulsión febril. No es sinónimo de mayor gravedad.
- Son frecuentes. Después del primer episodio, un tercio de esos niños podrán volver a tener otro.
- En la mayoría de los casos, no será necesario haber ninguna prueba complementaria especial.
- Los niños con convulsiones febriles no necesitan un tratamiento diferente para la fiebre al que se le administra a los demás niños.

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