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30 de octubre de 2019

Gripe en niños, ¿vacuna sí o no?

La gripe está a punto de tocar la puerta de nuestras casas. A final de octubre y principios de noviembre arranca la campaña de vacunación, que se realiza todos los años. ¿Debemos vacunar a nuestro hijo?
Antes de nada hagamos un repaso sobre esta enfermedad.


¿Cuáles son los síntomas de la gripe?
La variabilidad de síntomas de la gripe es muy amplia, aunque los básicos en los niños son fiebre alta, tos, mocos, dolor de garganta, dolor de cabeza, malestar general, dolores musculares generalizados, y a veces también vómitos y diarrea.
En los neonatos y bebés más pequeños, puede presentarse como fiebre sin foco, o con síntomas más inespecíficos como apnea y rechazo del alimento.
Las complicaciones de la gripe se pueden presentar en todas las edades, pero son más frecuentes en personas con patologías crónicas o inmusupresión. Las más frecuentes en niños son: otitis media, traqueobronquitis, laringotraqueitis, bronquiolitis o neumonía.

¿Cómo se contagia?
La gripe es una infección producida por un virus, que se caracteriza por su alta contagiosidad. Este se transmite de persona a persona a través de las secreciones respiratorias. Se puede contagiar a través de las gotitas de saliva que se expulsan al toser o al estornudar, a través de los besos o por compartir objetos. También a través de las manos, por eso es tan importante el lavado de las mismas.
Se contagia desde las 24-48 horas antes del inicio de los síntomas hasta 5-6 días después.
Los niños son la principal fuente de propagación del virus de la gripe debido a que presentan una mayor carga viral y excretan virus durante más tiempo que los adultos.

¿Cómo se trata?
El tratamiento de la gripe es sintomático, es decir, su fin es aliviar los síntomas de la enfermedad.
- Mantener hidratado al niño: ofrecer líquidos con frecuencia.
- Antitérmicos y analgésicos como el paracetamol o el ibuprofeno si la fiebre le produce malestar general. No es aconsejable el uso de aspirina ni otros medicamentos que contengan ácido acetilsalicílico por el riesgo de síndrome de Reye. Tenéis un post completo sobre el manejo de la fiebre.
- Reposo. No es conveniente dar al niño "el dalsy" y mandarlo al colegio ni a lugares concurridos. Es bueno para el niño quedarse en casa para recuperarse, y así también evitamos el contagio.
- Recordad que los antibióticos no son útiles a no ser que se produzca una sobreinfección, como una neumonía o una otitis media. La gripe es producida por virus, y los antibióticos solo son útiles en el tratamiento de infecciones producidas por bacterias.

¿Cuándo nos debemos preocupar?
Los . de alarma por los cuales deberemos acudir al pediatra son: 
- Fiebre en menores de 3 meses, siempre.
- Fiebre alta y mantenida durante más de 3-5 días
- Mal estado general o decaimiento
- Aparición de manchas en la piel que no desaparecen al estirar al piel
- Dolor de cabeza intenso
- Signos de dificultad respiratoria: respiración más agitada, se le marcan las costillas al respirar, notas pitos...
- La tos no mejora o empeora con el paso de los días

¿Hay alguna forma de prevenir la enfermedad?
Como os decía, si el niño está enfermo lo ideal es aislarlo y no llevarlo al colegio, parques o lugares donde pueda contagiar a otras personas.
Es conveniente evitar aglomeraciones.
Al toser o estornudar, es conveniente taparse la boca con un pañuelo desechable o con el codo (no con la mano!). Si tosemos en la mano y luego se la damos a alguien, le estaremos contagiando.
Es útil también limpiar y desinfectar a menudo los juguetes y superficies de espacios de superficies comunes, sobre todo si ha habido algún enfermo en el entorno familiar o en la guardería.
Y por último, mediante la vacunación. Cada año se escoge una vacuna en función de la previsión de las cepas que circularán, y se pone en marcha a finales de octubre/principios de noviembre.
Debemos recordar que los virus de la gripe mutan de un año a otro, y por tanto a pesar de haber padecido la enfermedad no nos volvemos inmunes. Lo mismo ocurre con la vacuna, deberemos vacunarnos todos los años para asegurar la protección.


¿Quiénes se deben vacunar?
Cualquier persona que quiera vacunarse puede hacerlo, eso lo decidirán los padres y el pediatra del niño en consenso. Si tienes un niño sano, pero aún así deseas protegerlo de la gripe, no habría problema en hacerlo. Se podrán vacunar todos los niños mayores de 6 meses de edad. De todos modos hay unos grupos de riesgo para los cuales la vacuna de la gripe está especialmente indicada.
El comité asesor de vacunas de la Asociación Española de Pediatría, este año establece los siguientes grupos de riesgo:
- Niños prematuros que hayan nacido antes de la semana 32 de edad gestacional, hasta los 2 años e edad (novedad este año)
- Enfermedades respiratorias crónicas: asma, hiperreactividad bronquial, fibrosis quística, bronquitis de repetición, displasia broncopulmonar...
- Cardiopatías
- Enfermedades neuromusculares crónicas o encefalopatías moderadas o graves
- Enfermedades renales (insuficiencia renal, síndrome nefrótico...) y hepáticas
- Enfermedades reumatológicas
- Enfermedades metabólicas como la diabetes mellitus o errores congénitos del metabolismo
- Enfermedad hematológica moderada o grave
- Asplenia funcional o anatómica
- Enfermedad celíaca
- Niños inmunodeprimidos: oncológicos, a tratamiento con fármacos inmunosupresores o inmunodeficiencias (salvo el déficit de IgA)
- Síndrome de Down
- Desnutrición u obesidad mórbida
- Niños con implantes cocleares
- Fístula de líquido cefalorraquídeo
- Embarazadas en cualquier trimestre de la gestación
- Niños de 6 meses a 5 años institucionalizados o tutelados por la Administración
- Mayores de 65 años
- Profesionales de centros sanitarios y farmacias
Está indicado también que cualquier conviviente o contacto habitual de personas que pertenecen a grupos de riesgo se vacune de la gripe. Así mismo, también los está en caso de convivientes y contactos habituales de lactantes menores de 6 meses de edad. 

¿Cuántas dosis son?
Entre los 6 meses y los 8 años de edad son 2 dosis separadas por al menos 4 semanas. Si en las temporadas anteriores ha recibido dos dosis de la vacuna, entonces solo será necesaria una doss.
A partir de los 9 años es una dosis única cada temporada.
Se administra mediante una inyeccion intramuscular.

Falsos mitos sobre la vacuna de la gripe
La vacuna de la gripe no produce gripe. La vacuna no contiene el virus vivo, si no que se encuentra inactivado, muerto. Por lo que es imposible coger la gripe por la vacuna.
Se puede administrar la vacuna en los niños alérgicos al huevo.

Podéis ampliar toda esta información en la web del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Clicka aquí.

27 de octubre de 2019

Cómo hacer un destete de forma respetuosa

Sabemos que la lactancia materna debe ser exclusiva hasta los 6 meses de vida, momento en el que el bebé iniciará la alimentación complementaria. La Organización Mundial de la Salud y la Asociación Española de Pediatría, por poner algunos ejemplos, recomiendan que la lactancia se mantenga al menos hasta los 2 años de vida, y después el tiempo que la madre y el niño deseen.

La teoría así parece sencilla, pero en la práctica pueden surgir muchas dificultades. Un destete puede surgir de forma progresiva y natural, y no suponer ninguna dificultad para ninguna de las dos partes. A veces el destete surge por parte del bebé cuando la madre deseaba continuar. En ese momento la madre vive un sentimiento de "pérdida" que se convierte en un auténtico proceso de duelo. Otras veces el deseo de destete surge de la madre. Si estás leyendo esto probablemente te encuentres en esta situación y no sepas cómo hacerlo. Puede que tengas que empezar a trabajar, os tengáis que separar durante mucho tiempo, tengas alguna enfermedad o o simplemente sientas que haya llegado el momento de parar.


¿Tengo que destetar?
La decisión de destetar, como decíamos, es una decisión que toma una de las partes. La lactancia es cosa de dos. Cuando viene motivado por la madre, hay que recordar que hay ciertas situaciones que no son causa para el abandono de la lactancia, si la madre realmente no quiere dejar de hacerlo. Veamos algunos ejemplos.
- Crisis de lactancia. Puede que tu bebé esté muy demandante, no puedas más y te plantees destetarlo. Puede que se trate de una crisis de lactancia, que son de duración variable, pero transitorias. Una vez que pasen, el niño volverá a la demanda habitual.
- La toma de medicamentos. La mayoría de los medicamentos son compatibles con la lactancia materna, como veíamos aquí. Si tienes duda, consulta siempre www.e-lactancia.org.
- El embarazo. No hay ningún problema con seguir la lactancia durante este momento, a no ser que estemos ante un una situación de riesgo, como una amenaza de aborto. Muchos niños se destetan solos durante el embarazo, ya que la producción de leche puede disminuir o cambiar su sabor. Otros deciden continuar mamando, y lo siguen haciendo tras el nacimiento del nuevo hermano. A esta situación se le llama lactancia en tándem.
- Enfermedad de la madre. Son pocas las enfermedades de la madre que contraindiquen la lactancia materna. Si tienes dudas, acude a un profesional sanitario con formación en lactancia.
- "La leche materna ya no alimenta".  Si alguien te ha dicho que la leche materna ya no nutre a partir del año, no es correcto. La leche materna se adapta a las necesidades del bebé conforme va creciendo, y siempre es la mejor opción frente a otro tipo de leche, como la de vaca.
- "El niño tiene vicio". Esta frase se dirige sobre todo a niños más mayores. Un niño no mama por vicio. El pecho de la madre no es solo alimento, si no que es refugio, conexión y amor. La lactancia prolongada no afecta de forma negativa al desarrollo psicológico del niño. Esta presión social no justifica un destete no deseado.

¿Cuándo es el mejor momento?
También dependerá de las circunstancias. Pero no es recomendable hacerlo en un momento que ya esté suponiendo un cambio para el niño, como por ejemplo el inicio de la escuela infantil, el nacimiento de un hermano o la retirada del pañal. Son momentos en los que el bebé incluso puede volverse más demandante al poder sentirse más inseguro y precisar mayor contacto.


¿Cómo hacer el destete?
Ante esta pregunta lo primero que debemos saber es qué edad tiene el bebé. La situación será completamente diferente si estamos ante un bebé de unos meses o ante un niño de 2 años. Cuando más pequeño sea el bebé,  a priori el destete será más fácil. También dependerá de si queremos hacer un destete total o solo parcial (sobre todo en relación con el destete nocturno). Lo ideal además es que el destete se realice de forma gradual, nunca bruscamente, para que de esta forma sea realice de la forma más respetuosa con el niño. 

En un lactante pequeño, en general menor a los 4-6 meses, se suele recomendar sustituir una toma de pecho por una biberón de leche artificial cada 2-3 días aproximadamente. De esta forma, el bebé se va adaptando al biberón, y el pecho se va adaptando a producir menos leche. A veces los bebés pueden rechazar los biberones, sobre todo cuando se los da la madre. Es normal. Lo ideal es buscar una tetina lo más parecida al seno materno. Si no hay manera de que acepte el biberón, una alternativa podría ser el vaso o vasito de aprendizaje.

En niños más mayores, alrededor de uno y dos años, el tema se complica. Para ellos no es solo alimento, la teta es "suya" y puede que no acepte un "no" por respuesta. Una de las técnicas más comunes es el "no ofrecer, no negar". Es válida sobre todo para los niños que ya no muestran mucho interés en la lactancia. En los más demandantes, que piden pecho a cada hora, no suele resultar eficaz a no ser que hablemos de un objetivo a largo plazo. Es una de las formas menos dolorosas para el niño, pero también la más lenta.
Como el niño ya es mayor, también podemos optar por dialogar con él y negociar. Podemos explicarle que la teta "solo es para dormir" o "solo en casa". También le podemos explicar que la "teta está cansada" y sustituir el momento de la toma por alguna otra actividad en que el niño disfrute con nosotros. Consiste en buscar la distracción del niño, y buscar algo atractivo que haga que se olvide del pecho, como por ejemplo entretenerlo con algún juego divertido, ir al parque, o leer algún cuento.
Podemos optar también por aplazar las tomas, explicándole al niño que le darás pecho por ejemplo "después del parque" o "después de jugar juntos", de esta forma no le estaremos dando un "no" rotundo. Otra forma es ir acortando las tomas, haciéndolas cada vez más cortas, por ejemplo: "contamos hasta diez y soltamos el pecho"



Solo quiero destetar de noche
El destete nocturno suele ser más complicado que el diurno. Para conseguirlo debemos cambiar la rutina de sueño del bebé para que se acostumbre a dormirse de una forma diferente que no sea el pecho. Esto es difícil, ya que si siempre se ha dormido con el pecho, lo normal es que siga demandándolo para ello. Esto lo haremos progresivamente. En este caso es muy útil el "método padre". Es decir, que sea el padre el que atienda al niño durante la noche, y en caso de despertarse, que sea él quien acuda. Para ello, el padre debe incluirse previamente en la rutina de sueño de forma progresiva, estando él también presente cuando lo amamantes o cuando se quede tranquilo después del pecho. En caso de hacer colecho, el padre puede ponerse entre el bebé y la madre.
Si el padre no es una opción, entonces debemos buscar otras formas para dormirlo nosotras. Por ejemplo, si le estamos dando pecho, procederemos a retirar el pezón de la boca antes de que el bebé se duerma. Cuando notemos que la succión no es tan profunda, y el bebé ya está relajado, le quitaremos al bebé el pecho de la boca, para que finalmente se duerma sin él. Si se vuelve a despertar, optaremos por acunarle, acariciarle, cantarle... para que se vuelva a dormir de nuevo. Si vemos que se vuelve a poner nervioso y demanda pecho, se lo podremos ofrecer de nuevo y empezar otra vez. Esto requiere paciencia y práctica, pero resulta efectivo. Intentaremos en este caso también la técnica de acortar la toma.
Si el niño es mayor, podemos explicarle que "la teta se va a dormir" y tras la última toma de la noche darle las "buenas noches" y no volver a darle pecho hasta al día siguiente. Para ayudarnos con esto, el libro "la teta cansada"de Montse Reverte o ·"es un buen recurso para explicar a los niños lo que está sucediendo.
Si hacemos colecho podemos optar a cambiarlo de habitación. A veces el no sentirnos puede hacer que se despiertae menos. Podemos contarle que ya es mayor y que tendrá una cama nueva para el solo. Si tiene hermanos mayores, podemos ofrecerles dormir con ellos si le hace ilusión.
Debemos tener en cuenta que si buscamos el destete para que el niño duerma "del tirón", podemos no tener éxito. El sueño es un proceso madurativo, independiente de la lactancia. Puede que tras el destete siga despertándose bastante de noche.

Sé realista
A veces estas técnicas no son útiles del todo o solo de forma parcial. Debemos mantenernos firmes. No es un proceso fácil, requiere su tiempo y debemos tener paciencia. Ojo con las expectativas. Siempre pretendemos hacerlo de la forma más respetuosa posible con el niño, pero también tenemos que saber que puede que tu hijo llore, palateee o incluso tenga alguna rabieta. Él no ha tomado esa decisión. Debemos ofrecerle nuestro cariño y nuestro amor,  empatizar , acompañarle en ese proceso de "pérdida" y respetar su ritmo. El niño lo acabará aceptando.

¿Y nosotras?
Cuando la lactancia ya está establecida no hay que tomar ninguna pastilla para "cortar la leche". Tampoco es útil vendar o comprimir el pecho. Idealmente el destete debe realizarse de forma gradual para que el pecho se adapte a la disminución progresiva de la demanda. De esta forma nos evitaremos problemas como la ingurgitación mamaria, las obstrucciones y las mastitis. Por eso durante el destete siempre debemos vigilar el pecho. Si sientes que tu pecho se congestiona, saca lo justo para descongestionarlo y aplica frío. Recuerda que la leche puede tardar años en desaparecer.


17 de febrero de 2019

Mi bebé está estreñido

La primera pregunta que quiero hacer es... ¿Seguro que tu bebé está estreñido?
Muchas veces los padres tienen una falsa percepción sobre el hábito intestinal de sus bebés, y en realidad, estamos ante "falsos estreñimientos" o variaciones fisiológicas  "normales" de las deposiciones, que se pueden percibir como un problema pero realmente no lo son.

  1. En primer lugar es necesario saber que en un bebé amamantado puede considerarse normal desde la evacuación frecuente (incluso de 10 veces al día las primeras semanas, con heces blandas, semilíquidas o grumosas), hasta 15 o más días sin hacer deposición, siempre que no haya molestias, durante un periodo transitorio entre el segundo y cuarto mes de vida. 
  2. Los niños que reciben lactancia artificial suelen tener un ritmo intestinal distinto con respecto a los que reciben leche materna, ya que la artificial favorece el estreñimiento. Cuando a un niño previamente amamantado se le da un biberón con fórmula las heces suelen hacerse más firmes y menos frecuentes, y no por ello estar estreñidos. 
  3. En bebés pequeños son frecuentes los "pujos". Están un buen rato apretando, se ponen rojos, a veces incluso lloran, hasta que consiguen hacer deposición. Pero esta no es dura, si no que incluso líquida. A esta situación se le llama "disquecia del lactante". Esto se produce porque el bebé no consigue coordinar la musculatura abdominal con la relajación del esfinter anal externo. Es como si empujaran pero con la compuerta cerrada. El bebé tiene que "aprender" a hacer deposición, y coordinar estos movimientos, y a veces puede tardar unas semanas. Pero esto no significa que esté estreñido. 
Si las heces son duras, y el lactante además manifiesta mucho malestar y una eliminación dificultosa puede justificarse la introducción de cambios en la dieta, bien mediante variaciones de la alimentación complementaria, o bien con el cambio a una leche artificial con fórmula "antiestreñimiento". 
La práctica de estimulación rectal, la administración de supositorios, enemas y laxantes orales están desaconsejados en estas edades. Las infusiones comerciales y algunos preparados "naturales" y remedios caseros tampoco tienen eficacia probada. 

15 de febrero de 2019

¿Por qué se produce el estreñimiento?

El dolor que se produce con la deposición es una experiencia desagradable para el niño, que intentará evitar a toda costa. Este dolor puede producirse por hábitos dietétitos inadecuados, como una alimentación baja en fibra y escasa ingesta de agua, situaciones de tensión emocional, algunos fármacos, miedo a defecar o falta de tiempo.


Cuando el niño siente las ganas de hacer deposición y se niega a hacerla por el motivo que sea, lo que hace para ello es contraer el esfínter anal externo de forma voluntaria:"retiene la caca". Esta masa fecal queda acumulada en la ampolla rectal. Cuando esto se produce repetidamente "tengo ganas de hacer caca --> retengo la caca --> se acumula en el recto", lo que ocurre es una distensión progresiva del recto, pudiendo incluso llegar hasta el colon descendente, reteniendo todavía más cantidad de heces.
Cuanto más tiempo se mantenga ese bolo fecal ahí, más agua se absorberá, y por lo tanto las heces se harán más duras. Con ello, se hará más difícil su eliminación ya que se "impactará", pudiendo producir dolor abdominal. A veces lo que ocurre es que hay tal cantidad de heces en el recto, que finalmente acaba expulsándose por "rebosamiento", el niño mancha el calzoncillo o "se hace caca" sin darse cuenta: es lo que se llama encopresis.

Debemos evitar entrar en este círculo vicioso de "dolor al defecar / retención / acumulación de heces cada vez más duras / más dolor al defecar" con el tratamiento adecuado, que se basará en medidas conductuales, dietéticas y en el uso de preparados farmacéuticos si es necesario. Podéis echar un vistazo al tratamiento del estreñimiento aquí.


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14 de febrero de 2019

Las bronquiolitis

Las bronquiolitis nos traen de cabeza tanto a pediatras como a padres. En invierno son una de las patologías que más vemos en bebés en la consulta, y además son motivo frecuente de ingreso hospitalario durante el invierno .


¿Qué son las bronquiolitis?
Se llama así al primer episodio de infección respiratoria que afecta a vía pequeña de un niño menor a 2 años. La parte del sistema respiratorio que se afecta son los bronquiolos, que se inflaman y se llenan de moco. Esto hace que se produzca una obstrucción a la entrada de aire, y da lugar a los "pitidos" o sibilancias que escuchamos con el fonendoscopio, y que incluso los padres podéis escuchar si acercáis el oído al pecho de vuestros hijos.
Son infecciones producidas por virus, siendo el agente causal más frecuente el virus respiratorio sincitial (VRS). Otros virus son el de la gripe, el rinovirus, el adenovirus o el parainfluenza.
En adultos o niños más mayores la misma infección suele cursar como un cuadro catarral sin mayores complicaciones, pero los niños pequeños al tener unas vías respiratorias más pequeñas, se obstruyen con más facilidad.
Es una enfermedad muy habitual, ya que 1 de cada 3 niños la padecen. Es especialmente frecuente entre los 2 y 6 meses de edad.

¿Qué síntomas produce?
Inicialmente parece un cuadro catarral, aparece moco nasal, tos leve y a veces fiebre.  Progresivamente la tos empeora y puede aparecer dificultad respiratoria, que podemos diferenciar de la respiración normal porque al niño se le marcan las costillas al respirar, o respira "levantando" el abdomen. Esto es debido a la incapacidad de los pulmones para llenarse con normalidad, que se ayudan de los músculos intercostales y abdominales para conseguirlo. Además la respiración se vuelve más rápida y agitada. Muchas veces también rechazan las tomas debido a la fatiga.
En general las bronquiolitis tienen una duración de unos 7-10 días, pero la tos puede durar incluso un mes.
Suelen ser más graves en los bebés más pequeños, en los prematuros, y en casos de inmunodeficiencia, enfermedad respiratoria de base o cardiopatía congénita.

¿Cómo se diagnostica?
No hay ninguna prueba para diagnosticar la bronquiolitis. No hace falta ninguna prueba complementaria de tipo radiológico ni analítico. El diagnóstico nos lo dará la auscultación. Existen algunas pruebas microbiológicas que se hacen en el moco nasal que nos ayudarán a determinar el agente causal.


¿Cómo se trata?
Lamentablemente a día de hoy no hay ninguna medicina o fármaco eficaz para combatir esta infección. La bronquiolitis debemos pasarla, y el tratamiento estará dirigido a aliviar los síntomas.
En las bronquiolitis serán fundamentales medidas de soporte y cuidados generales:
  • Hacer lavados nasales con suero salino fisiológico si hay mucha congestión nasal, sobre todo antes de las tomas y antes de dormir. 
  • Mantener al niño bien hidratado, ofreciendo líquidos (agua o leche) de forma frecuente. Suelen tolerar mejor tomas más pequeñas pero más frecuentes. 
  • Posición semiincorporada, unos 30 grados, esto les ayuda a respirar mejor. 
  • Si tiene fiebre se pueden dar antitérmicos si es necesario. Puedes revisar el tratamiento de la fiebre aquí
  • En cuanto al empleo de fármacos, si revisamos la literatura científica resulta bastante desalentadora. El uso de broncodilatadores como el salbutamol (Ventolin) o los corticoides orales no está demostrado que mejore su evolución. Sin embargo, si vuestros hijos han tenido algún episodio de bronquiolitis sabréis que muchas veces estos se usan. Su uso debe ser individualizado, ya que algunos niños sí que mejoran con ellos. 
  • Los jarabes mucolíticos o antitusígenos no están indicados y pueden ser perjudiciales.
  • Los antibióticos son solamente útiles en caso de infección bacteriana, por lo que en este caso no juegan ningún papel, ya que son infecciones producidas por virus.

¿Cuáles son los signos de alarma?
  • Dificultad respiratoria: respiración muy agitada o rápida, las costillas se marcan, se hunde el cuello, se mueve mucho el abdomen... en los bebés más pequeños, esta dificultad respiratoria puede no ser tan evidente, y pueden aparecer apneas (cese de la respiración durante unos segundos).
  • Color azulado alrededor de los labios o uñas. 
  • Rechazo de la alimentación: es normal que coman menos de lo habitual durante el proceso, pero si come menos de la mitad de lo habitual, es aconsejable acudir al pediatra. 
  • Mal estado general, decaimiento, somnolencia. 

¿Cómo se puede prevenir?
Una vez tenemos tos y mocos no hay forma de evitar que desencadene en una bronquiolitis si esto iba a ocurrir. Así que eso de "dame algún medicamento para evitar que vaya a más" no sirve de nada. Ningún fármaco evita esta progresión. Lo que sí es cierto es que hay varios factores que podemos controlar como son:
  • Lavado de manos frecuente.
  • Evitar contacto con personas enfermas. Para un adulto la infección puede ser un simple resfriado común, pero en el lactante, sobre todo en los más pequeños, la enfermedad puede ser mucho peor.
  • Evitar la exposición al tabaco. Ya que el humo del tabaco empeora la evolución de las bronquiolitis, así como de otros cuadros de bronquitis de repetición como en caso de asma. Así que ya sabéis, no fumar en casa.
  • Promover la lactancia materna, ya que es un factor protector contra esta enfermedad.

Si ha tenido una bronquiolitis, ¿significa que será asmático?
Los niños que han tenido una bronquiolitis tienen más riesgo sufrir episodios similares, es decir, tener episodios de tos con pitos en el pecho y/o dificultad respiratoria asociados a catarros o infecciones respiratorias. Y aunque en la práctica muchas veces se llaman "bronquiolitis" a los distintos episodios, técnicamente se denomina de esta manera al primer episodio. Los siguientes episodios se denominan "sibilancias recurrentes del lactante", "hiperreactividad bronquial" o "bronquitis". Suele pasar los primeros 3-4 años de vida, sin que esto signifique que serán asmáticos. Sí que es cierto que hay un grupo de niños, genéticamente predispuestos, que podrían desarrollar asma posteriormente.
Si las crisis son muy repetidas, a veces se puede prescribir medicación que ayuda a prevenirlas, de modo que aunque no previene las recaídas al 100%, puede espaciarlas y/o hacerlas menos graves.

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25 de enero de 2019

Fiebre en niños

Ahora con las guarderías, los colegios y la llegada del frío, los virus vuelven a ser protagonistas, y con las infecciones muchas veces viene la fiebre. Así que, que mejor momento para recordar algunos datos sobre ella y que no cunda la "fiebrefobia" cuando nuestros pequeños estén enfermos.


¿Qué es la fiebre?
Se trata de un síntoma - que no una enfermedad - que consiste en tener una temperatura axilar mayor a 38 grados. Hablamos sin embargo de febrícula cuando la temperatura se encuentra entre 37 y 38 ºC.
El aumento de la temperatura corporal no es más que una herramienta que tiene nuestro organismo para defenderse. Y es que se ha comprobado que la fiebre es un mecanismo fisiológico para aumentar la eficacia de nuestro sistema inmunitario: dificulta el crecimiento bacteriano y la replicación viral. Así pues, lejos de ser nuestra enemiga, puede resultar incluso nuestra aliada.

Fiebre no es siempre sinónimo de infección. Por ejemplo, en niños muy pequeños un sobreabrigo puede aumentar su temperatura corporal. Así mismo algunas vacunas, pueden también incrementarla

Si tiene fiebre alta, ¿es perjudicial? ¿Puede convulsionar?
Es importante recordar que la fiebre en sí no es mala. No produce daño cerebral, ni ceguera, sordera o muerte. 
Sí que es cierto que un pequeño porcentaje de niños tiene predisposición a tener convulsiones por fiebre, pero su tratamiento con antitérmicos no las evita. Existe más probabilidades de tener una convulsión febril si hay historia familiar de convulsiones febriles (por su transmisión genética) o en niños con retraso madurativo. 

¿Cuando debemos preocuparnos?
Cuando un niño tiene fiebre, ante todo, tranquilidad. Debemos después fijarnos en otros síntomas y signos secundarios que nos pueden orientar a un cuadro banal o a algo grave. Por ejemplo, si nuestro niño tiene un buen estado general, se muestra activo, sigue jugando, tiene buen color... podemos guardar la calma. Pero sin embargo, hay ciertos signos de alarma que debemos tener en cuenta ante un niño con fiebre:
  • Mal estado general, irritabilidad, letargia, decaimiento, confusión, no respuesta a estímulos físicos o verbales, dificultad para respirar
  • Presencia de petequias en la piel, esto es, manchitas rojas, generalmente puntiformes, que no desaparecen a la presión, sobre todo las que aparecen de la linea intermamilar hacia abajo. Las que aparecen por encima de esta linea imaginaria, pueden deberse simplemente por el esfuerzo que implican los vómitos o la tos repetida. Así mismo, una infección vírica también puede producir petequias.
  • En niños menores de 3 meses la fiebre adquiere mayor importancia, porque puede ser un síntoma de bacteriemia oculta.
  • Una temperatura corporal >41ºC.
  • Rigidez de nuca franca: sólo puede explorarse en niños mayores de 1-2 años. Se dice que hay rigidez de nuca cuando el niño no es capaz de sujetar un papel entre su mentón con la boca cerrada sobre su pecho. En cualquier caso, una temperatura corporal elevada puede producir cierta rigidez nucal, por lo que habría que valorarlo de nuevo tras bajar la fiebre.
  • Convulsiones, sobre todo si es la primera vez que ocurre.
¿Cuando se trata la fiebre?
No es necesario tratar la fiebre en sí e intentar bajarla hasta la temperatura  habitual. Lo que hay que tratar es el MALESTAR que acompaña a la fiebre o el dolor. 
Es decir, si nuestro hijo tiene 38ºC pero se encuentra activo y jugando, no hay que hacer NADA. 

¿Cómo debo tratar la fiebre?
El tratamiento de la fiebre se basa en medidas físicas y farmacológicas. 
Entre las medidas físicas se encuentran:
  • Permitir que el niño pierda el calor sobrante desabrigándole. Se le puede dejar simplemente con una camiseta o un body.
  • Ofrecer líquidos con frecuencia para recuperar las pérdidas y evitar las deshidrataciones.
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria desaconseja el uso de paños húmedos, friegas de alcohol, desnudar a los niños completamente, duchas y baños. 
Ante una febrícula (temperatura axilar entre 37-38 ºC) puede ser suficiente con medidas físicas, ya que existe una tendencia exagerada a tratar con fármacos cualquier ligero aumento de la temperatura corporal

Ante la fiebre que se acompañe de malestar general y/o dolor, además de la medidas físicas descritas se pueden emplear fármacos antitérmicos. Los más conocidos son el paracetamol (apiretal) y el ibuprofeno (dalsy). El paracetamol puede darse cada 4-6 horas, y el ibuprofeno cada 6-8  horas.
El primero se puede dar a cualquier edad, y el ibuprofeno a partir de los 6 meses. Os invito a releer el post "¿Cuanto dalsy hay que darle al niño?" para recordar la dosificación de estos medicamentos y las diferencias que existen entre paracetamol e ibuprofeno.

Los antitérmicos NO CURAN nada. Solo constituyen un tratamiento sintomático, para que los niños (y los padres) se sientan mejor. Como os decía, la fiebre en muchos casos es "buena", por lo que no es necesario dar antitérmicos sistemáticamente si el niño tiene fiebre pero excelente estado general. Es decir, si el niño tiene 37.5ºC pero se encuentra postrado y alicaído, es mayor motivo para tratarle que el niño con 38.5ºC pero que está contento, activo y "dando guerra". Así pues, a la hora de dar antitérmicos, mirad a vuestro hijo, no al termómetro.

También es importante recordar que ni la cantidad de fiebre ni su descenso tras la toma de antitérmicos orienta hacia la gravedad de la infección. 

Los antibióticos así mismo tampoco curan la fiebre. Hay muchos cuadros que producen fiebre que se resuelven solos, ya que muchos de ellos (la gran mayoría) están causados por virus. Y es que los antibióticos son unos fármacos que luchan solamente contra las bacterias. El empleo injustificado e indiscriminado de los antibióticos es la causa de que muchas bacterias se hagan resistentes a los mismos.

La pregunta del millón, ¿es aconsejable alterar antitérmicos?
La respuesta es NO. Lo ideal es elegir uno de ellos y seguir con ese, alternando con el otro solo si es necesario, es decir, si tras la toma de un fármaco los síntomas persisten o recurren antes de que podamos dar la siguiente dosis. Por ejemplo, si hemos dado paracetamol, y al cabo de unas horas el niño sigue con malestar, podemos dar ibuprofeno. Lo que no debemos hacer es dar un antitérmico distinto cada 4 horas de forma sistemática. 
Tenemos que tener en cuenta que el antitérmico bajará la fiebre 1-1.5ºC. Tampoco podemos pretender que el niño que tenga 39.8ºC se quede en 36.5ºC. Si el niño ya se encuentra bien, aunque persista algo febril, tampoco hay que sobremedicarlo. 

¿Se debe utilizar antitérmico para prevenir reacciones vacunales?
La respuesta es NO. No es necesario darles antes de la vacunación, o durante. Lo aconsejable es administrarlos solo si después de la vacunación se genera fiebre que genera malestar o dolor. 


21 de junio de 2016

¿Serán los dientes?

¡Ay, los dientes! A ellos se les culpa de muchas cosas durante el primer año de vida.

- Mi bebé tiene fiebre
- Serán los dientes...

-  Mi bebé se lleva todo a la boca 
- Serán los dientes...

- Mi bebé tiene diarrea
- Serán los dientes...

-Mi bebé se despierta veinte veces de noche.
-Serán los dientes.

- Mi bebé no para de babear.
- Serán los dientes.

¿Os resulta familiar?
 Siempre me ha llamado poderosamente la atención que los dientes sean el blanco de tantos males. Por eso hoy, en esta entrada, quiero desterrar falsos mitos sobre la dentición.


¿En qué momento empiezan a salir?
No hay reglas fijas en cuanto al momento de la erupción de los dientes de leche. Hay algunos bebés, aunque pocos, que ya nacen con algún diente. Hay otros que no tienen ninguno hasta los 15 meses. Así que imaginaos la variabilidad que supone entre niño y niño. Lo más frecuente es que aparezcan entre los 6 y 12 meses de edad.

¿En qué orden?
También es muy variable. Lo habitual es que aparezcan los dos incisivos centrales inferiores primero, para luego aparecer los cuatro incisivos superiores, y después los dos incisivos laterales de abajo. A continuación llegarán las muelas, y entre ellas, los caninos.
Aunque esto es lo habitual, también hay diferencias entre niño y niño. ¿No habéis visto algún "bebé vampiro"?  Son los que tienen los incisivos laterales superiores, pero no los centrales. Son una variante de la normalidad.
Podéis ver mejor el orden de salida de los dientes de leche en esta imagen.


¿En qué momento me debo preocupar si no empiezan a salir?
Más allá de los 15 meses debemos empezar a sospechar de que quizá estemos frente a alguna enfermedad. En cualquier caso lo más probable es que se trata de un patrón familiar, ya que el momento de salida de los dientes tiene un alto grado de heredabilidad.

¿Qué síntomas produce?
Aquí es donde viene lo bueno. ¿Quién no ha oído nunca que los dientes producen fiebre o diarrea? ¿O que los bebés se llevan todo a la boca para calmar el dolor de la dentición? Vayamos punto por punto.

- Fiebre.  NO. Los dientes no producen fiebre. Siempre que vuestro bebé tenga más de 38ºC, estamos ante una infección. El foco nos lo dará el tiempo (y la exploración del pediatra, claro). Parece que la erupción dentaria puede asociarse con febrícula, aunque soy algo escéptica en este punto.
En cualquier caso la fiebre es algo habitual a partir de los 6 meses de vida en los bebés, por lo que puede coincidir con la erupción de algún diente, y no por ello estar relacionados directamente.

- Dolor. Aunque le preguntemos a un bebé si le duelen los dientes, no tendremos la suerte de que nos contesten, son demasiado pequeños. En cualquier caso, no hay ningún argumento científico que avale que la dentición duela. Pueden aparecer molestias, pero en cualquier caso, no justifica llantos inconsolables, irritabilidad marcada, problemas con el sueño, etc. Además, la salida de los dientes de leche continúa más allá del año de vida hasta los dos años. Y mientras las últimas piezas dentarias van saliendo, los niños no se quejan de dolor cuando comen o muerden

- Llevarse las manos/objetos a la boca: Es una creencia muy popular que los bebés se llevan todo a la boca para aliviar el dolor. Esta creencia me llama mucho la atención, ya que lo lógico es que si tienes una herida o inflamación en alguna parte de tu cuerpo, intentes no tocarla para no producirte más dolor con la manipulación. En cualquier caso no debemos confundir esto con otra situación. Los bebés, a partir de los 3-4 meses, empiezan a llevarse todo a la boca. Forma parte de su desarrollo psicomotor. Para conocer el mundo que les rodea, cogen objetos y los llevan a la boca para así conocer texturas, sabores, formas... Es la etapa oral del desarrollo del niño. Completamente normal e independiente de la erupción dentaria. Por lo que si tu bebé empieza a llevárselo todo a la boca, no, no tienen porque ser los dientes.

- Babeo. De este punto ya os hablé en una ocasión. La aparición del babeo suele ocurrir a partir del segundo mes de vida. Y forma parte de la evolución normal del desarrollo del niño. Las dichosas babas, que a veces inundan hasta los baberos más "waterproof" pone de manifiesto el hecho de que las glándulas salivares han aumentado su producción. La saliva protege de infecciones, necesarias sobre todo en el momento en el que el niño empieza a meterse todo en la boca.

- Diarrea. Algo similar ocurre con la diarrea. Mi razonamiento lógico me impide llegar a una relación causa efecto entre la dentición y la diarrea. El aumento de salivación que os comentaba en el anterior punto no me vale como explicación científica para ello. El enrojecimiento o la dermatitis del área perianal tampoco se asocian con la dentición. Eso de, "como se baba mucho, las cacas son más ácidas y escuece el culete", me cuesta creerlo como mecanismo fisiopatológico causante.

- "Encías inflamadas". Aunque podamos ver las encías engrosadas, esto no quiere decir que se vaya a producir la salida del diente de forma inmediata. Lo que estamos viendo en este caso es el diente en formación, que va aumentando de volumen poco a poco. Esto hace que vaya aumentando el volumen de la encía paulatinamente, hasta que al final se abre la encía y sale el diente. Proceso lento, y en teoría, indoloro.

- Mocos: ¿Cuántas veces tendrá mocos un bebé durante sus primeros meses de vida? Y no por ello tendrá que ver con la salida de los dientes. Tampoco las otitis, ni otras infecciones están asociadas. Los dientes y las infecciones se asocian en el tiempo, pero no tienen relación causa efecto.

En cualquier caso hasta un 35% de los niños no muestran sintomatología en relación con los dientes. Es decir, a un tercio de los niños les salen los dientes, y los padres no encuentran síntomas claros con su aparición.

¿Qué hacer para aliviar las molestias del bebé?
Tradicionalmente se ha extendido el uso de los mordedores como herramienta útil para aliviar las molestias de la dentición. Como os decía, no sé hasta que punto esto puede tener sentido. ¿Si duelen las encías, por qué van a querer machacarlas mordiendo sin parar?
En cualquier caso sí que hay madres que refieren que los masajes o el uso de mordedores o alimentos fríos calman las molestias de la erupción dentaria. A veces también refieren que el masajeo suave con los dedos puede ser efectivo.
Se ha propuesto el uso del paracetamol o el ibuprofeno para el alivio sintomático. Podrían usarse en casos puntuales. En cualquier caso, tampoco tiene sentido el extendido remedio de los masajes en las encías con paracetamol. Éste fármaco tiene efecto porque, tras ingerirlo, se absorbe y hace efecto a nivel sistémico, es decir, en todo el cuerpo, incluyendo la zona afectada. No tiene efecto local, ya que su aplicación tópica carece de absorción. Este es un ejemplo que se ha extrapolado de cremas de uso tópico, tipo Voltarén, que tienen antiinflamatorio en su composición. ¿Conocéis cremas con paracetamol? De igual modo el paracetamol aplicado en la encía carece de efecto.

En resumen
Sí. Hay mucho mito y creencias populares alrededor de la erupción dentaria en los bebés. A veces es complicado divorciarse de tantas creencias ancestrales, cuando incluso entre los propios pediatras todavía las dan como ciertas.
En cualquier caso hay mucha literatura científica al respecto. Por ejemplo, este estudio publicado en Pediatrics, revista de referencia en el área de Pediatría, en donde se hace hincapié en los falsos síntomas relacionados con la dentición.
Así que dejemos de culpabilizar a los dientes de todo lo que ocurre a los bebés. Son inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

5 de mayo de 2016

Iniciando la alimentación complementaria

¡Ay, la alimentación complementaria! Menudos quebraderos de cabecera supone en algunas ocasiones. ¿Os preguntaís por qué? Porque existen tantas pautas de introducción de los alimentos, como pediatras, casi. Y es que para esto de la alimentación infantil nada es tan cierto como eso de "cada maestrillo tiene su librillo". Pero tranquilas, en realidad es mucho más fácil y sencillo de lo que parece. Mucho más.


Como os comentaba en el post "¿hasta cuando mantener la lactancia materna exclusiva?" el alimento único de un bebé hasta los 6 meses debe ser la leche. Da igual si recibe leche materna o leche de fórmula. Antes de que me preguntéis, sé que desde los 4 meses algunos pediatras recomiendan la introducción de los cereales sin gluten, y a partir de los 5 meses, la fruta. En mi opinión, salvo casos puntuales y concretos, no se debe adelantar la alimentación complementaria. Tranquilas, hay tiempo de sobra.

En esto de la alimentación complementaria hay que tener una serie de ideas y premisas claras, que son las que nos orientarán en todo este proceso:
- primero: la alimentación se llama complementaria por algo. La leche sigue siendo el alimento principal del niño hasta el año de vida, lo demás solo la complementa y no la sustituye. Lo ideal es ofrecer primero la leche y después el resto de alimentos.
- Segundo: es necesario respetar el tiempo y los gustos del niño. Hay bebés que a los 6 meses devoran lo que pongan delante, y otros prácticamente no comen hasta los 8 o 9 meses. Hay bebés a los que les encanta la fruta pero no quieren ni oler la verdura, por ejemplo. Lo importante es no obligar a comer a un niño. Intentar que disfrute del momento de la comida, para que ese momento no se convierta en un calvario para padres e hijos, y para que el niño inicie una relación saludable con la comida.
- Tercero: no obsesionarse con las cantidades. No soy nada partidaria de recetas del tipo: 30 gramos de pollo + 20 gramos de patata + 20 gramos de judía... ¿Qué más da? Cada bebé es distinto y tiene necesidades energéticas y nutricionales diferentes. Recetas de este tipo sólo sirven para estresar a las mamás que ven, con amargura, como su bebé deja la mitad del puré (si no más) intacto en su plato. Volviendo al punto anterior, hay que respetar al bebé. Lo que a nosotros puede parecernos una cantidad adecuada, puede ser en realidad mucho en relación a sus necesidades reales. A veces no es verdad eso de "mi niño no me come" si no que en realidad es "mi niño no come como me gustaría a mí que comiera". Debemos escuchar sus señales de saciedad y apetito.
- Cuarto: los alimentos mejor introducirlos de uno en uno. La finalidad es comprobar la tolerancia a cada uno, verificando que le sienten bien y descartando así posibles alergias. Un margen de dos o tres días entre alimentos nuevos es lo más recomendable.
- Quinto: leed las etiquetas de los alimentos. Que sean productos destinados a bebés no quiere decir que sean saludables. Azúcares añadidos, grasas malas, múltiples aditivos, etc... son ingredientes que podemos encontrar en alimentos infantiles y que no son necesarios.


A partir de los 6 meses, empiezan las incógnitas. ¿Con qué alimento empiezo? ¿Sigo el esquema clásico: primero cereales sin gluten, luego fruta y después verdura? Pues la respuesta es también bastante sencilla: da exactamente igual. Quizas algunas mamás os llevareis las manos a la cabeza. ¿Cómo va a dar igual? Pues la verdad es que sí. Pensad en un bebé español y un bebé japonés, por poner un ejemplo. Las costumbres socioculturales en cada país son bien distintas, y cada bebé empezará su alimentación complementaria en función de los alimentos que acostumbre a comer en su sociedad. Y no pasa nada.
Seguro que a la mayoría de vosotras os han dado un papel fotocopiado con un completo esquema temporal, mes a mes, del momento idóneo para introducir los distintos tipos de alimentos. Este calendario ya se ha quedado obsoleto y realmente podemos introducir la mayoría de los alimentos a partir de los 6 meses, con algunas excepciones que os explicaré más adelante. Lo realmente importante es realizar una introducción gradual de los alimentos.

Vale. Queréis empezar la alimentación complementaria. Por ejemplo, habéis elegido los cereales como primer alimento. ¿Cómo lo hacemos? Es muy sencillo.
Puede hacerse de la forma clásica, mediante cereales "de farmacia" y añadirlos a la leche del biberón o leche materna. En función de cuantas cucharadas añadamos, quedará más o menos espeso, y podremos darlo como un biberón tal cual o como una papilla.
Un ejemplo de introducción de los cereales puede ser añadiendo un par de cucharadas al biberón de la mañana y otras dos al de la noche, preparar una papilla de 3 o 4 cucharadas en una de las tomas del día y no darle más cereales en el resto del día... es muy variable, y dependerá de las preferencias de la madre (y del bebé).
¿Preferís algo sólido? Podéis darle tortitas de cereales sin sal, pan sin sal, arroz bien pasado... las opciones son tan amplias que darían para otro post.

En cuanto a la introducción de la fruta existen también muchas formas distintas. Puedes hacer un puré de frutas, o bien chafarle alguna con un tenedor y dárselo con la cuchara. Se puede comenzar con una papilla de manzana (fresca o compota), esperar un par de días y añadir una pera, después naranja... como os decía la idea es dejar un margen de días entre un alimento nuevo y otro para detectar alergias. Por otro lado puedes darle algún trozo entero para que el bebé lo vaya chupeteando y mordiendo.

Las verduras las puedes ofrecer en puré, mezclado con alguna proteína. Puedes poner en una olla agua con patata, puerro, judia, zanahoria, judias, calabacín... Lo que se te ocurra. Y un cachito de pollo, conejo, cordero, pavo, ternera... Las combinaciones son muchísimas. Una ves hervido se retira el exceso de agua, se añade un chorrito de aceite de oliva virgen extra y se tritura. De igual manera, no debes introducir todos los alimentos juntos de repente, si no ir añadiéndolos poco a poco. 

¿Mejor potitos comprados en el supermercado o farmacia, o los caseros? Sin duda mejor los caseros. Nada mejor que una comida recién hecha y con productos frescos que nosotras mismas hemos seleccionado. Los potitos es mejor dejarlos para momentos puntuales en que no estemos en casa.

¿Y que pasa con los alimentos más alergénicos? Como puede ser el huevo, el pescado, las legumbres... alimentos que se han pospuesto en el calendario de introducción de los alimentos incluso hasta más allá de los 12 meses. Pues bien, cada vez se tiende a introducirlos antes. Es decir, se ha visto que por tardar más en introducirlos, no hay evidencia de que haya menos incidencia de alergias alimentarias. A partir de los 6 meses puedes introducirlos sin problema.

¿Y el yogur? Todas las mamas preguntáis por el yogur. Para los bebés que ya toman leche los yogures no son imprescindibles, es mejor priorizar antes la introducción de otros grupos de alimentos, por lo que yo los pospondría a partir de los 9-12 meses. Nada de yogures especiales para "bebés", tienen azúcares y porquerias añadidas. Buscad en vuestros supermercados yogures naturales de toda la vida.

Los alimentos que debemos excluir en esta etapa son: 
- Aquellos susceptibles de producir un ahogamiento en un bebé: frutos secos, granos de uva enteros, cerezas, aceitunas... Cualquier cosa que pueda obstruir la vía área y nos pueda dar un susto. 
- Sal y alimentos salados. No es necesario salar los alimentos que prepares para tu bebé hasta el año de vida.
- Pescados grandes como el pez espada, tiburón, Lucio, atún rojo, conservas de atún... por su contenido en mercurio y otros metales pesados.
- cabezas del marisco y cuerpo de cangrejo o crustáceos similares a el, por su contenido en cadmio.
- Espinacas, col y acelgas,y otras verduras de hoja verde, por su contenido en nitratos y riesgo de metahemoglobinemia.
- Miel, por riesgo de botulismo. 
- Infusiones y otras bebidas sin valor nutritivo como el café, refrescos azucarados o edulcorados. 
- azúcar. Tampoco es necesario endulzar los alimentos con azúcar, evitando los alimentos que lo contengan en exceso. 
- Desnatados.

Existe una tendencia cada vez más presente en nuestra sociedad a introducir los alimentos en trozos directamente, sin triturar. Es el llamado Baby Led Weaning o alimentación / destete guiado por el bebé. Se trata de una forma de alimentar a un bebé sin usar papillas, purés o triturados. Es el bebé el que elige qué comer, llevándose el mismo los alimentos a la boca. Prometo un post aparte hablándoos de este tipo de alimentación.

13 de noviembre de 2015

Cómo aumentar la producción de leche materna

Una de las dudas más frecuentes de las mamás que empiezan a amamantar a sus hijos, es qué pueden hacer para aumentar su producción. La verdad es que hay muchos mitos en torno a ello, y la mayoría son falsos.


Esta duda viene en relación a que al amamantar no sabemos la cantidad exacta de leche que toma el bebé, y muchas veces ciertos comportamientos de nuestro retoño puedes ser falsamente interpretados como hambre. Si el bebé llora mucho, mama antes de las 3 horas, mama en menos tiempo del habitual... Etc. Por ello muchas veces buscamos cómo aumentar la producción láctea, pensando que así arreglaremos estas situaciones.

La verdad es que el pecho produce exactamente la cantidad de leche que el bebé necesita, y podemos estar seguro de ello si el bebé mama a demanda, esto es, todas las veces y durante el tiempo que necesite. Y es el bebé, y solamente el bebé, el que regula la producción a través de un complejo mecanismo hormonal. Cada vez que el bebé succiona el pezón, se produce un pico de prolactina, hormona responsable de la producción de leche materna. Así pues, a más succión por parte del bebé, más producción. Así de simple.

¿Algún alimento o bebida ayuda a aumentar la producción?
Existen muchos productos a los que se le ha otorgado el "poder" de aumentar la cantidad de leche producida por la mujer, siendo uno de los más populares la cerveza. Pero no es dejéis engañar, ningún alimento o bebida tiene esta capacidad. Así mismo, existen también remedios "herbales" para este fin. Pero estos pueden ser incluso peligrosos, ya que algunas plantas utilizadas para ello, como el hinojo, no se consideran seguras durante la lactancia.
Ni siquiera el agua. Seguro que alguna vez os han dicho durante la lactancia "bebe mucha agua". Beber más agua no aumenta la cantidad de leche producida. Por lo tanto, simplemente tenéis que dejaros llevar por vuestra sensación de sed y beber agua cuando el cuerpo os lo pida, que será de todos modos más frecuentemente de lo habitual.

Las crisis o baches de lactancia
Una crisis de crecimiento, o también llamado bache de lactancia, es un desajuste entre la oferta y la demanda de leche. Es decir, el bebé necesita más leche de la que el pecho produce, ya que va aumentando los requerimientos de leche a medida que crece. ¿Qué hace el bebé entonces? Se pasa unos días pegado al pecho, pidiendo teta más a menudo de lo habitual. Esto dura unos días hasta que el seno materno se regula en función de la nueva demanda. ¿Veis? A más succión, más producción. 

¿Y si necesitas aumentar rápidamente tu producción de leche?
Existen diferentes circunstancias en las que una madre necesita aumentar su producción para iniciar una suplementación con su propia leche, sin necesidad de recurrir a la lactancia artificial. Esto puede ocurrir por ejemplo en casos en los que el bebé haya perdido demasiado peso en sus primeros días de vida, en caso de bebés prematuros o que necesiten ingreso hospitalario durante un tiempo y necesiten rápidamente suministro de leche materna, o en caso de llevar un tiempo sin amamantar a tu bebé por el motivo que sea, con lo cual la producción ha bajado, y decidas volver a hacerlo.
En estas situaciones puede emplearse una técnica llamada "extracción poderosa", que consiste en la hiperestimulacion del pecho empleando un sacaleches. Para ello, se debe realizar extracciones durante 5 minutos en cada pecho, cada hora, durante al menos 24 horas. Por la noche no se debe descansar más de 4 horas. Aunque al principio no se obtendrá mucha leche, o ninguna, el efecto se percibe al cabo de unos días.

¿Y si de verdad tienes poca leche?
No es lo habitual, pero puede ocurrir. Esto puede suceder por varios motivos. 
- El bebé no mama o mama poco: esto ocurre por ejemplo si el bebé está enfermo, o está lleno de otro líquido que no sea leche materna: un biberón de leche artificial, una infusión, agua... 
-El bebé mama, pero lo hace mal: ocurre cuando hay mal agarre, por ejemplo porque el bebé confunde pezon con tetina, o en caso de frenillo lingual, que impide un correcto movimiento de la lengua.
- Al bebé no le dejan mamar: bien porque se ponen horarios al pecho, por ejemplo, cada tres horas, o por el uso del chupete para entretener al bebé cuando en realidad lo que quiere es pecho.
-Enfermedades de la madre: por ejemplo en caso de hipotiroidismo, retención placentaria, etc, que da lugar a una hipogalactia.
Pero lo más probable es que nada de esto ocurra, y no sea más que una inseguridad por parte de la madre. Si el bebé gana peso adecuadamente, lo estamos haciendo bien. En caso contrario habrá que buscar la causa y ponerle remedio. 

En resumen, toda madre que amamanta a su bebé debe grabarse a fuego lo siguiente: a mayor succión, más producción. Y si su bebé mama a demanda, sin horarios y durante el tiempo que quiera, tendrá toda la leche que necesita. 

28 de octubre de 2015

El por qué de las cacas verdes en los bebés

 El color de las cacas de un bebé constituye a veces un verdadero quebradero de cabeza para las mamás. ¿Es normal que la caca sea amarillo mostaza? ¿O verde? ¿Y con grumos blancos? Hoy hablaremos en concreto de las cacas verdosas de los bebés.


Lo primero que tenemos que diferenciar es si esta caca verde viene acompañada de diarrea, o bien la frecuencia y número de las deposiciones es normal, siendo lo único que ha variado su color. En niños que están siendo amamantados, a veces es frecuente que se las mamás consulten por diarrea, cuando es normal que las deposiciones de estos niños sean líquidas o semilíquidas, y además varias durante el mismo día. En este caso, hablaremos de diarrea cuando haya un número de deposiciones mayor del habitual.
Cacas verdes sin diarrea
Durante los primeros días del recién nacido, las heces irán cambiando de color. Las primeras deposiciones son el llamado meconio, que son heces de color negro y muy pegajosas. A continuación, durante los siguientes 3 a 5 días, la caca puede adquirir un color verdoso de transición hasta llegar a las cacas color mostaza características de los bebés.
Fuera del periodo neonatal, las heces verdosas se presentan también en bebés amamantados que toman leche rica en lactosa. Recordemos que la composición de la leche materna va variando a lo largo de una misma mamada, siendo al principio más rica en hidratos de carbono (lactosa) y siendo la del final la de mayor contenido graso. Si el bebé no vacía correctamente el pecho, éste tomará sólo la leche inicial, rica en lactosa, por lo que sus cacas serán verdosas. Ya os hablé de los signos que nos pueden orientar para saber si el bebé ha vaciado el pecho aquí. En el caso de que el vaciado del pecho no sea el correcto, habrá que revisar el postura y agarre del bebé, y comprobar la presencia de frenillo lingual. Si todo está bien, no deberemos obsesionarnos. Las deposiciones de los bebés amamantados tienen un color variable, y no tiene demasiada importancia que hagan cacas verdosas de forma puntual o transitoria.
En otras ocasiones lo que se produce es una alteración de la flora intestinal, por ejemplo, por la introducción de la alimentación complementaria, como papillas o alimentos diferentes a la leche.

Cacas verdes con diarrea
En estos casos lo que se produce es un tránsito intestinal más rápido de lo habitual, dando lugar a ese color verdoso. La diarrea es un síntoma que nos indica la presencia de una infección gastrointestinal, siendo lo más frecuente en lactantes el rotavirus. El tratamiento es el mismo que el de la diarrea, del que ya os hablé aquí.


Como véis, la presencia de heces verdosas en los bebés no es alarmante, y puede ser hasta normal, descartando posibles causas que puedan dar lugar a esta coloración. Si las heces adquieran un color blanco, rojizo o negro, es un signo de alarma que debemos consultar siempre con nuestro pediatra.

13 de octubre de 2015

¿Cómo puedo saber si mi bebé ha vaciado el pecho?

Sabemos que cuando un bebé mama, debe vaciar bien un pecho antes de pasarlo al otro. La eterna duda sería, ¿cómo sabemos si ha vaciado el pecho?


La verdad es que un pecho nunca se vacía de todo. Pensamos en él como un almacén de leche, que se vacía y que necesita un tiempo para volver a llenarse, pero esto no es así. El seno materno se parece más a un grifo, de modo que cada vez que se abre, hay leche de la que el bebé puede disponer.
Uno de los indicadores de que el bebé ha finalizado la toma es que suelta el pezón espontáneamente. En ese momento es hora de cambiar al otro pecho. Cuando suelta el segundo, la toma ha finalizado. A veces el bebé puede tomar de un sólo pecho, y a veces de los dos. A veces tendrán más hambre, otras menos. Otras veces sólo querrán calmar su sed. En el caso de que al terminar el segundo pecho, notes que el bebé sigue con hambre, es hora de volver al primero.

A veces, sobre todo al inicio de la lactancia, el bebé no se suelta y tiende a quedarse dormido al pecho. Debemos estimularlo para que siga mamando, tocándole los pies, la oreja, la espalda... Pero debemos tener en cuenta también que el pecho no es sólo alimento. Es calor, protección, seguridad, es "Mamá". Por eso, muchas veces cuando finalmente han terminado la toma su forma de succión cambia, siendo ésta más suave, poniéndose en modo "chupete". No es por tanto que la toma "sea eterna", es que estamos cubriendo más necesidades además del alimento. En estos casos, la clave para saber que lo estamos haciendo bien es la ganancia de peso del bebé.

Por otro lado, generalmente notarás el pecho más blando según se va vaciando, sintiéndolo menos congestionado, aunque no siempre podemos guiarnos por esto, ya que muchas veces maman tan a menudo que no da tiempo de que el pecho llegue a ponerse "duro".

El tiempo es un indicador inexacto. Si alguien os ha dicho que debe mamar 10, 15 o los minutos que sean de cada pecho, haced oídos sordos. Esa persona no sabe de lactancia. Hay niños más rápidos, otros más lentos. Generalmente cuando acaban de nacer las tomas son más largas, y según van haciéndose más expertos en esto del "arte de mamar" las tomas se hacen más cortas. Hay bebés que pueden terminar de mamar en 5 minutos, y eso no quiere decir que coman menos. Otros pueden tardar 20 minutos o más.

Lo importante en esto de la lactancia, es ofrecer el pecho a demanda, sin horarios, y durante el tiempo que quiera el bebé. Olvidarnos del reloj, y disfrutar del momento.

29 de septiembre de 2015

¿Cómo puedo saber si mi bebé toma la leche que necesita?

Cuando un bebé está alimentado con lactancia materna, puede aparecer la duda de si el bebé toma la leche que necesita. A veces nos gustaría que, al igual que con el biberón, pudiéramos conocer exactamente los mililitros que toma el bebé en cada toma. Como la teta no es transparente (ojalá, ¿verdad?), esto no es posible, por lo que debemos guiarnos por una serie de signos indirectos.


  • Uno de los signos más fiables es la ganancia de peso. Si el bebé no gana peso, o lo hace muy lentamente, estaremos ante un signo de alarma de que algo no va bien.
  • Micciones de escasa cantidad y concentradas, sabiendo que lo normal es que realizcen más de 5 o 6 micciones al día.
  • El niño no queda satisfecho tras la toma, llora a menudo, hace tomas muy largas o rechaza el pecho.
  • Realiza deposiciones duras, secas o verdes. Las deposiciones del lactante correctamente amamantado son típicamente de color mostaza, líquidas, y en ocasiones con puntos blanquecinos similares a granos de arroz. 
  • Realiza deposiciones infrecuentes. Con un matiz. Aunque típicamente se dice que los bebés amamantados realizan más deposiciones que los alimentados con leche de fórmula, los primeros también pueden estar varios días sin defecar, siendo esto perfectamente normal. Por lo que este punto debe valorarse en conjunto con otros signos y síntomas. 
  • La madre no notó aumento del tamaño de los pechos durante el embarazo.
  • La madre no notó la "subida" de la leche tras el parto.
  • La madre no saca leche cuando se exprime.
Si el bebé toma leche a demanda, es decir, siempre y cuando lo pida, y durante el tiempo que precise, es raro que el bebé no tome la cantidad de leche que necesita. Debemos confiar en nosotras mismas, en nuestra capacidad de lactar. Sólo cuando aparecen estos signos, debemos preocuparnos y consultar con nuestro pediatra para encontrar la causa del problema y su solución,

21 de septiembre de 2015

Beneficios del colecho

En esto del dormir y los bebés, como en todo lo que tenga que ver con la crianza, hay opiniones de todos los tipos. En concreto el colecho es un tema que levanta polémica en este ámbito. Yo me declaro pro-colecho. Me encanta, lo disfruto diariamente con mi bebé y no le veo más que ventajas. Así que en el post de hoy quiero compartir con vosotras los beneficios de esta práctica.


Pero, ¿qué es hacer colecho?
El colecho es la práctica de dormir los niños con otro adulto, en la misma cama, con frecuencia y durante bastantes horas. Algunos autores hablan de un mínimo de 4 horas, todas o casi todas las noches. Así que si alguien inicia la noche con el niño en su cuna, pero a mitad de la noche lo pasa a su cama, también podría incluirse dentro de este grupo.
El colecho es una práctica muy extendida en los humanos. Aunque en Occidente es poco frecuente, en la mayor parte de las culturas los niños duermen con sus madres.

¿Qué beneficios tiene?
  • El colecho aumenta la independencia y mejora el desarrollo psicológico de los niños. A diferencia de lo que argumentan sus adversarios no da problemas conductuales ni de personalidad, ni afecta a su autonomía.
  • Mejora la estabilidad respiratoria y la oxigenación. La respiración de la madre es un recordatorio para el bebé para que continúe respirando si tiene una apnea.
  • Mejora la termorregulación del bebé, es decir, favorece la regulación de la temperatura corporal por la noche. 
  • Provoca despertares sincronizados con la madre, y ayuda al bebé a "aprender" a pasar de una fase del sueño a otra, porque se sincroniza con la respiración de la madre. 
  • Favorece la lactancia materna, de modo que las madres que realizan colecho presentan mayores porcentajes de lactancia materna, y durante más tiempo. La producción de leche aumenta (recordad que el pico de prolactina, hormona principal en la fisiología de la lactancia, se produce de noche). Además, como la lactancia materna protege contra la muerte súbita del lactante, el colecho de forma indirecta ayudaría a prevenirlo. 
  • Aumenta las horas de sueño de las madres que amamantan,  a que favorece que la madre pueda continuar durmiendo mientras alimenta a su hijo de noche. De este forma, permite que el bebé y la madre apenas se despierten al reclamar el alimento.
Como véis, los beneficios del colecho son múltiples, tanto para la mamá como para el bebé. A pesar de que no está bien visto (todavía) por muchas personas, incluido personal sanitario, si es lo que queréis y con lo que estáis a gusto, haced oídos sordos y haced caso a vuestro instinto. No os equivocaréis.

15 de septiembre de 2015

Cómo estimular a nuestro bebé entre los 1 a 3 meses de edad

Los bebés durante sus primeros meses de vida comen, duermen y lloran, básicamente. Pero, ¿qué hacer durante esos momentos en los que el bebé está tranquilo? Podemos aprovechar para estimularlo.


Existen diferentes maneras y distintas áreas en las que podemos estimular a nuestro bebé.

Visual
  • Podemos colocar un objeto de colores vivos y llamativos en frente de él. Aproximadamente a unos 30 cm de distancia, para que enfoque correctamente. Debemos mover ese objeto lentamente a los lados, y hacia delante y hacia atrás, de modo que los siga con la mirada.
  • Situarnos enfrente del bebé, de modo que nos vea bien la cara. Le sonreiremos, le pondremos caras graciosas, sacaremos la lengua... con el fin de que nos imite. 
  • Acuesta al bebé boca arriba y cuelga de la cuna objetos, pelotas, sonajeros... para que se fije en ellos cuando quiera. Si se mueven, mejor.
  • Para estimular sus reacciones ante la luz, llévale a lugares con diferente iluminación. También puedes encender y apagar una lámpara con cuidado de no enfocarle con luz directa.
Auditivo
  • Habla con tu bebé y trata de que te identifique como la fuente de sonido.
  • Utilizaremos un sonajero o algún juguete que tenga sonidos. Lo pondremos a un lado del bebé, de modo que esté fuera de su vista. Lo haremos sonar para que lo busque, y así potenciar su oído.
  • Cuando balbucee, sonríe y contéstale.
  • Llámalo por su nombre.
Tacto
  • Acariciad a vuestro bebé, dadle besos por todo su cuerpecito. Aprovechad, luego ya no se dejará.
  • Acariciar al bebé con objetos de diferentes texturas: un pañuelo, un peluche, una esponja... todo lo que se os ocurra. Aprovecha para darle un masaje, nombrando cada parte de su cuerpo.
  • Para estimular la sensibilidad del rostro, pon tus pulgares en el centro de la frente del bebé y deslízalos simultaneamente hacia los lados. Haz lo mismo en sus mejillas, colocando tus dedos a los lados de la nariz.
Motriz
  • Ponerlo boca abajo durante unos minutos al día es fundamental para trabajar la musculatura del cuello y del espalda. Al principio no les gustará. Podéis poneros acostados a su lado, y enseñarle objetos para estimular que levante su cabecita. Acariciale la espalda en ese momento, también es de ayuda.
  • Acuestale boca arriba. Toma suavemente sus brazos y levántale hasta sentarle. Sostenle con firmeza. De esta forma ayudaremos a mejorar el control de la cebecita. 
  • Coger sus manos y llevarlas al centro, como si estuviera aplaudiendo, con el fin de que empiece a conocer sus manitos y sea consciente de ellas.
  • Acostado boca arriba, coge sus piernas y moverlas como si estuviera pedaleando.
  • Todavía es pequeño para sostener un objeto, pero puedes ayudarle a hacerlo doblando sus manos alrededor de un objeto. Si hace algún sonido, muevelo varias veces para que trate de imitar el movimiento.
  • Estando el niño de lado incítalo a que se coloque boca arriba motivándolo con algún juguete, con el fin de iniciar al niño en el volteo.
Lenguaje
  • Imita todos los sonidos que haga con un tono suave para animarlo a que siga haciéndolos. 
  • Observa la expresión de su cara y comunicále lo que sientes hacia tu bebé. Sonrie y hábable mientras le antiendes. 
  • Cántale.
Social
  • Durante esta etapa, los bebés responden a los tonos de la voz. Usa tonos dulces y afectuosos. Mientras le hablas acariciale la cara.
  • Procura acariciarle, arrullarle y sonreirle lo mas posible. 
  • Integra al resto de la familia en el cuidado del bebe
  • Dale mucho cariño mediante besos, y abrazos.

No es necesario iniciar los ejercicios de estimulación en el recién nacido. Piensa que el gran cambio que experimenta "simplemente" con su nacimiento ya es suficiente estímulo. Más adelante, se podrán realizar estos ejercicios. La mayoría probablemente ya los haréis de forma espontánea. Tampoco es necesario hacer todos, todos los días. No es necesario forzar al bebé, sino respetar su ritmo. Es un momento ideal para disfrutar de tu hijo y aprender con él cosas nuevas.

30 de julio de 2015

El babeo en los bebés

Generalmente alrededor de los 2-3 meses las mamás se dan cuenta de que sus bebés empiezan a babear de una forma que nunca habían hecho. ¡No dan a basto para comprar baberos! Muchas veces se echa la culpa a los dientes, pero esto no es exactamente así.


¿Qué es?
El babeo en los bebés forma parte de su desarrollo normal. Como os decía empieza a ocurrir entre los dos y tres meses de edad, que es cuando las glándulas salivares ponen en marcha su funcionamiento. El bebé todavía tiene un reflejo de deglución algo inmaduro, y no sabe tragar toda la saliva que produce, por lo que se expulsa en forma de baba.

¿Por qué se produce?
La producción de saliva protege al bebé de las infecciones microbianas, porque recordemos que a estas edades es cuando empiezan a meter todo en la boca como parte de su desarollo psicomotor normal. Es la etapa oral de su desarrollo. Empiezan a conocer el mundo a través de la boca.
Por otro lado, los niños que respiran por la nariz fabrican más saliva y babean más, debido a aumento de tamaño de las vegetaciones o adenoides, o por rinitis o catarros que producen obstrucción de la nariz.
Las infecciones de la boca también pueden aumentar el babeo, por aumento de la producción de saliva, como una defensa natural, o bien porque no pueden tragarla con normalidad. Esto ocurre en infecciones de la boca como las estomatitis, aftas o amigdalitis.

Entonces, ¿tiene relación con la salida de los dientes?
Aunque la salida de los dientes se ha echo culpable de este exceso de saliva, es todo un mito. El babeo es un proceso independiente de la erupción dentaria. Como a veces puede coincidir con la salida de algún diente se estableció esta relación. Son procesos que ocurren de forma paralela, pero independiente uno de otro.

Así que, cuando veais a vuestro bebé babeando, metiendo sus puñitos o sus pies en la boca, no penséis en los dientes, pensad que es una fase más de su desarrollo. ¡No siempre los dientes tienen la culpa!
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