28 de octubre de 2015

El por qué de las cacas verdes en los bebés

 El color de las cacas de un bebé constituye a veces un verdadero quebradero de cabeza para las mamás. ¿Es normal que la caca sea amarillo mostaza? ¿O verde? ¿Y con grumos blancos? Hoy hablaremos en concreto de las cacas verdosas de los bebés.


Lo primero que tenemos que diferenciar es si esta caca verde viene acompañada de diarrea, o bien la frecuencia y número de las deposiciones es normal, siendo lo único que ha variado su color. En niños que están siendo amamantados, a veces es frecuente que se las mamás consulten por diarrea, cuando es normal que las deposiciones de estos niños sean líquidas o semilíquidas, y además varias durante el mismo día. En este caso, hablaremos de diarrea cuando haya un número de deposiciones mayor del habitual.
Cacas verdes sin diarrea
Durante los primeros días del recién nacido, las heces irán cambiando de color. Las primeras deposiciones son el llamado meconio, que son heces de color negro y muy pegajosas. A continuación, durante los siguientes 3 a 5 días, la caca puede adquirir un color verdoso de transición hasta llegar a las cacas color mostaza características de los bebés.
Fuera del periodo neonatal, las heces verdosas se presentan también en bebés amamantados que toman leche rica en lactosa. Recordemos que la composición de la leche materna va variando a lo largo de una misma mamada, siendo al principio más rica en hidratos de carbono (lactosa) y siendo la del final la de mayor contenido graso. Si el bebé no vacía correctamente el pecho, éste tomará sólo la leche inicial, rica en lactosa, por lo que sus cacas serán verdosas. Ya os hablé de los signos que nos pueden orientar para saber si el bebé ha vaciado el pecho aquí. En el caso de que el vaciado del pecho no sea el correcto, habrá que revisar el postura y agarre del bebé, y comprobar la presencia de frenillo lingual. Si todo está bien, no deberemos obsesionarnos. Las deposiciones de los bebés amamantados tienen un color variable, y no tiene demasiada importancia que hagan cacas verdosas de forma puntual o transitoria.
En otras ocasiones lo que se produce es una alteración de la flora intestinal, por ejemplo, por la introducción de la alimentación complementaria, como papillas o alimentos diferentes a la leche.

Cacas verdes con diarrea
En estos casos lo que se produce es un tránsito intestinal más rápido de lo habitual, dando lugar a ese color verdoso. La diarrea es un síntoma que nos indica la presencia de una infección gastrointestinal, siendo lo más frecuente en lactantes el rotavirus. El tratamiento es el mismo que el de la diarrea, del que ya os hablé aquí.


Como véis, la presencia de heces verdosas en los bebés no es alarmante, y puede ser hasta normal, descartando posibles causas que puedan dar lugar a esta coloración. Si las heces adquieran un color blanco, rojizo o negro, es un signo de alarma que debemos consultar siempre con nuestro pediatra.

13 de octubre de 2015

¿Cómo puedo saber si mi bebé ha vaciado el pecho?

Sabemos que cuando un bebé mama, debe vaciar bien un pecho antes de pasarlo al otro. La eterna duda sería, ¿cómo sabemos si ha vaciado el pecho?


La verdad es que un pecho nunca se vacía de todo. Pensamos en él como un almacén de leche, que se vacía y que necesita un tiempo para volver a llenarse, pero esto no es así. El seno materno se parece más a un grifo, de modo que cada vez que se abre, hay leche de la que el bebé puede disponer.
Uno de los indicadores de que el bebé ha finalizado la toma es que suelta el pezón espontáneamente. En ese momento es hora de cambiar al otro pecho. Cuando suelta el segundo, la toma ha finalizado. A veces el bebé puede tomar de un sólo pecho, y a veces de los dos. A veces tendrán más hambre, otras menos. Otras veces sólo querrán calmar su sed. En el caso de que al terminar el segundo pecho, notes que el bebé sigue con hambre, es hora de volver al primero.

A veces, sobre todo al inicio de la lactancia, el bebé no se suelta y tiende a quedarse dormido al pecho. Debemos estimularlo para que siga mamando, tocándole los pies, la oreja, la espalda... Pero debemos tener en cuenta también que el pecho no es sólo alimento. Es calor, protección, seguridad, es "Mamá". Por eso, muchas veces cuando finalmente han terminado la toma su forma de succión cambia, siendo ésta más suave, poniéndose en modo "chupete". No es por tanto que la toma "sea eterna", es que estamos cubriendo más necesidades además del alimento. En estos casos, la clave para saber que lo estamos haciendo bien es la ganancia de peso del bebé.

Por otro lado, generalmente notarás el pecho más blando según se va vaciando, sintiéndolo menos congestionado, aunque no siempre podemos guiarnos por esto, ya que muchas veces maman tan a menudo que no da tiempo de que el pecho llegue a ponerse "duro".

El tiempo es un indicador inexacto. Si alguien os ha dicho que debe mamar 10, 15 o los minutos que sean de cada pecho, haced oídos sordos. Esa persona no sabe de lactancia. Hay niños más rápidos, otros más lentos. Generalmente cuando acaban de nacer las tomas son más largas, y según van haciéndose más expertos en esto del "arte de mamar" las tomas se hacen más cortas. Hay bebés que pueden terminar de mamar en 5 minutos, y eso no quiere decir que coman menos. Otros pueden tardar 20 minutos o más.

Lo importante en esto de la lactancia, es ofrecer el pecho a demanda, sin horarios, y durante el tiempo que quiera el bebé. Olvidarnos del reloj, y disfrutar del momento.

7 de octubre de 2015

La fiebre en niños. Que no cunda la fiebrefobia.

La fiebre. A lo largo de mi experiencia como pediatra, he comprobado que es uno de los síntomas que más preocupan a las mamás, pero que no siempre se tiene claro "cuando" podemos empezar a decir que un niño tiene fiebre.

Pues bien. Os he preguntado en este mismo blog, a vosotras mis lectoras, en qué momento habláis ya de fiebre. El 56% (sólo poco más de la mitad!) de vosotras estáis en lo correcto. Es a partir de 38ºC de temperatura axilar. A partir de 37ºC (algunos libros hablan de 37.5ºC) se habla de febrícula. Muchas de vosotras (26%) lo consideráis ya fiebre, cuando esto no es así.

Ahora con el inicio de las guarderías, los colegios, y la llegada del frío, los virus vuelven a ser protagonistas, y con las infecciones muchas veces viene la fiebre. Así que, que mejor momento para recordar algunos datos sobre ella y que no cunda la fiebrefobia cuando nuestros pequeños estén enfermos.


¿Qué es la fiebre?
Se trata de un síntoma - que no una enfermedad - que consiste en tener una temperatura axilar mayor a 38 grados. Hablamos sin embargo de febrícula cuando la temperatura se encuentra entre 37 y 38 ºC.
El aumento de la temperatura corporal no es más que una herramienta que tiene nuestro organismo para defenderse. Y es que se ha comprobado que la fiebre es un mecanismo fisiológico para aumentar la eficacia de nuestro sistema inmunitario: dificulta el crecimiento bacteriano y la replicación viral. Así pues, lejos de ser nuestra enemiga, puede resultar incluso nuestra aliada.

¿Cuando debemos preocuparnos?
Cuando un niño tiene fiebre, ante todo, tranquilidad. Debemos después fijarnos en otros síntomas y signos secundarios que nos pueden orientar a un cuadro banal o a algo grave. Por ejemplo, si nuestro niño tiene un buen estado general, se muestra activo, sigue jugando, tiene buen color... podemos guardar la calma. Pero sin embargo, hay ciertos signos de alarma que debemos tener en cuenta ante un niño con fiebre:
  • Mal estado general, irritabilidad, letargia, decaimiento, confusión, no respuesta a estímulos físicos o verbales, dificultad para respirar
  • Presencia de petequias en la piel, esto es, manchitas rojas, generalmente puntiformes, que no desaparecen a la presión, sobre todo las que aparecen de la linea intermamilar hacia abajo. Las que aparecen por encima de esta linea imaginaria, pueden deberse simplemente por el esfuerzo que implican los vómitos o la tos repetida. Así mismo, una infección vírica también puede producir petequias.
  • En niños menores de 3 meses la fiebre adquiere mayor importancia, porque puede ser un síntoma de bacteriemia oculta.
  • Una temperatura corporal >41ºC.
  • Rigidez de nuca franca: sólo puede explorarse en niños mayores de 1-2 años. Se dice que hay rigidez de nuca cuando el niño no es capaz de sujetar un papel entre su mentón con la boca cerrada sobre su pecho. En cualquier caso, una temperatura corporal elevada puede producir cierta rigidez nucal, por lo que habría que valorarlo de nuevo tras bajar la fiebre.
  • Convulsiones, sobre todo si es la primera vez que ocurre.

¿Cómo debo tratar la fiebre?
El tratamiento de la fiebre se basa primero en medidas físicas. Ante una febrícula (temperatura axilar entre 37-38 ºC) puede ser suficiente con estas, ya que existe una tendencia exagerada a tratar con fármacos cualquier ligero aumento de la temperatura corporal. Sólo tendrá sentido tratar enérgicamente una febrícula o una fibre en pleno ascenso ante antecedentes de convulsión febril. Entre las medidas físicas se encuentran:
  • Permitir que el niño pierda el calor sobrante desabrigándole. Se le puede dejar simplemente con una camiseta o un body.
  • Paños húmedos en axilas, ingles y frente.
  • Baños con agua tibia (que no fría), hasta 20 minutos.
  • Ofrecer líquidos fríos con frecuencia para recuperar las pérdidas y evitar las deshidrataciones.
Ante la fiebre (temperatura axilar mayor de 38 ºC) además de la medidas físicas descritas se pueden emplear fármacos antipiréticos. Los más conocidos son el paracetamol (apiretal) y el ibuprofeno (dalsy), que se pautan cada 4-6 horas con una dosis que depende del peso del niño. El primero se puede dar a cualquier edad, y el ibuprofeno a partir de los 6 meses. Os invito a releer el post "¿Cuanto dalsy hay que darle al niño?" para recordar la dosificación de estos medicamentos.
Los antitérmicos NO CURAN nada. Sólo constituye un tratamiento sintomático, para que los niños (y los padres) se sientan mejor. Como os decía la fiebre en muchos casos es "buena", por lo que no es necesario dar antitérmicos sistemáticamente si el niño tiene fiebre pero excelente estado general. Es decir, si el niño tiene 37.5ºC pero se encuentra postrado y alicaído, es mayor motivo para tratarle que el niño con 39ºC pero que está contento, activo y "dando guerra". Así pues, a la hora de dar antitérmicos, mirad a vuestro hijo, no al termómetro.

Los antibióticos así mismo tampoco curan la fiebre. Hay muchos cuadros que producen fiebre que se resuelven solos, ya que muchos de ellos (la gran mayoría) están causados por virus. Y es que los antibióticos son unos fármacos que luchan solamente contra las bacterias. El empleo injustificado e indiscriminado de los antibióticos es la causa de que muchas bacterias se hagan resistentes a los mismos.

Fiebre no es siempre sinónimo de infección. Por ejemplo, en niños muy pequeños un sobreabrigo puede aumentar su temperatura corporal. Así mismo algunas vacunas, pueden también incrementarla.
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