3 de junio de 2012

Fiebrefobia. La fiebre en los niños.

Una de las consultas más frecuentes en Urgencias pediátricas es la fiebre. Se trata de un motivo de preocupación para los padres, generalmente cuando es alta o cuando no responde adecuadamente a antitérmicos.


Pero, ¿qué es la fiebre? Se trata de un síntoma - que no una enfermedad - que consiste en tener una temperatura axilar mayor a 38 grados. Hablamos sin embargo de febrícula cuando la temperatura se encuentra entre 37 y 38 ºC.
El aumento de la temperatura corporal no es más que una herramienta que tiene nuestro organismo para defenderse. Y es que se ha comprobado que la fiebre es un mecanismo fisiológico para aumentar la eficacia de nuestro sistema inmunitario: dificulta el crecimiento bacteriano y la replicación viral. Así pues, lejos de ser nuestra enemiga, puede resultar incluso nuestra aliada.

Cuando un niño tiene fiebre, ante todo, tranquilidad. Debemos después fijarnos en otros síntomas y signos secundarios que nos pueden orientar a un cuadro banal o a algo grave. Por ejemplo, si nuestro niño tiene un buen estado general, se muestra activo, sigue jugando, tiene buen color... podemos guardar la calma. Pero sin embargo, hay ciertos signos de alarma que debemos tener en cuenta ante un niño con fiebre:


  • Mal estado general, irritabilidad, letargia, decaimiento, confusión, no respuesta a estímulos físicos o verbales, dificultad para respirar
  • Presencia de petequias en la piel, esto es, manchitas rojas, generalmente puntiformes, que no desaparecen a la presión, sobre todo las que aparecen de la linea intermamilar hacia abajo. Las que aparecen por encima de esta linea imaginaria, pueden deberse simplemente por el esfuerzo que implican los vómitos o la tos repetida. Así mismo, una infección vírica también puede producir petequias.
  • En niños menores de 3 meses la fiebre adquiere mayor importancia, porque puede ser un síntoma de bacteriemia oculta.
  • Una temperatura corporal >41ºC.
  • Rigidez de nuca franca: sólo puede explorarse en niños mayores de 1-2 años. Se dice que hay rigidez de nuca cuando el niño no es capaz de sujetar un papel entre su mentón con la boca cerrada sobre su pecho. En cualquier caso, una temperatura corporal elevada puede producir cierta rigidez nucal, por lo que habría que valorarlo de nuevo tras bajar la fiebre.
  • Convulsiones, sobre todo si es la primera vez que ocurre.


Uno de los mayores temores que genera la fiebre en los padres es la posibilidad de desencadenar ataques epilépticos. Esto sólo ocurre en una proporción pequeña de casos y suele haber predisposición genética y antecedentes familiares. Cuando es así, no implica un mayor riesgo de epilepsia en la infancia. Así mismo, tampoco una fiebre elevada es sinónimo de daño cerebral.
Por otro lado lo que produce una crisis convulsiva febril no es una temperatura muy elevada, si no un descenso o un aumento brusco de la misma.
Además, muchos padres temen que la fiebre produzca daño cerebral, cosa que no ocurre a menos que la temperatura sea superior a los 42ºC.

El tratamiento de la fiebre se basa primero en medidas físicas. Ante una febrícula (temperatura axilar entre 37-38 ºC) puede ser suficiente con estas, ya que existe una tendencia exagerada a tratar con fármacos cualquier ligero aumento de la temperatura corporal. Sólo tendrá sentido tratar enérgicamente una febrícula o una fibre en pleno ascenso ante antecedentes de convulsión febril. Entre las medidas físicas se encuentran:
  • Permitir que el niño pierda el calor sobrante desabrigándole. Se le puede dejar simplemente con una camiseta o un body.
  • Paños húmedos en axilas, ingles y frente.
  • Baños con agua tibia (que no fría), hasta 20 minutos.
  • Ofrecer líquidos fríos con frecuencia para recuperar las pérdidas y evitar las deshidrataciones.


Ante una fiebre (temperatura axilar mayor de 38 ºC) además de la medidas físicas descrita se pueden emplear fármacos antipiréticos. Los más conocidos son el paracetamol (apiretal) y el ibuprofeno (dalsy), que se pautan cada 4-6 horas con una dosis que depende del peso del niño. El primero se puede dar a cualquier edad, y el ibuprofeno a partir de los 6 meses. 
Los antitérmicos NO CURAN nada. Sólo constituye un tratamiento sintomático, para que los niños (y los padres) se sientan mejor.
En cualquier caso los antipiréticos no deben darse a TODOS los niños, porque no disminuyen la duración de la enfermedad y tampoco sus complicaciones. 
Los antibióticos así mismo tampoco curan la fiebre. Parece que a algunos padres si no le recetas antibióticos, no se van contentos para casa. Hay muchos cuadros que producen fiebre que se resuelven solos, y además, muchos de ellos están causados por virus. Y es que los antibióticos son unos fármacos que luchan solamente contra las bacterias. El empleo injustificado e indiscriminado de los antibióticos es la causa de que muchas bacterias se hagan resistentes a los mismos, dificultado el tratamiento de las mismas ante nuevas infecciones.

Fiebre no es siempre sinónimo de infección. Por ejemplo, en niños muy pequeños un sobreabrigo puede aumentar su temperatura corporal. Así mismo, la dentición o algunas vacunas, pueden también incrementarla.

1 comentario:

  1. Hola,
    Gracias por el artículo.

    Me gustaría compartir con vosotros información que os puede interesar. He encontrado un artículo que habla sobre la temperatura corporal. Cuál es la correcta, cómo se toma en adultos y niños y las zonas más recomendadas para tomarla. A mi me ha servido... al menos como culturilla general.
    Cómo tomar la temperatura corporal
    Saludos :-)

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